Fidel es un país

Fidel es un país
____________Juan Gelman

sábado, 20 de junio de 2015

Pepe Ordás: A veces pienso que el amor puede ser sólo una canción


En cuanto sabe a realidad la maravilla
de aventurarse a ser canción y a ser guitarras
late la prisa por amar
y el corazón se vuelve un mágico volcán
que arranca el grito de esperanzas.
Hace unos días publiqué en esta misma sección, un artículo sobre eventos y espacios donde se presentan trovadores;  con una larga enumeración intentaba demostrar que aun nuestros medios no reflejan -con la intensidad y profundidad que merece-, la avalancha de canción poética que se genera a diario en Cuba, en presentación en vivo.  
Cuando lo revisé, antes de enviarlo a La Jiribilla –aunque siempre con premura- no le noté ausencias; sin embargo, acabando de salir “al aire” me llegó en correo, nada menos que de Germán Piniella, escritor, traductor literario, periodista, y especialmente (para el caso) un tremendo crítico musical –incluso, más- un trovadicto-trovador que ha estado en mil campañas de la canción cubana. 
“Fidel:
Sé que no puedes mencionar todas las peñas de trovadores, pero se te quedó en el tintero la de Pepe Ordás en el Museo de Guanabacoa, en mi opinión una de las mejores. Claro que fue olvido involuntario, porque también sé que admiras y respetas a Pepe (como se demuestra en tu texto posterior dedicado a Santiaguito). En fin, que es solo un recordatorio para que, como tú mismo dices, se reconozca más a Pepe Ordás de lo que se hace.

Un abrazo, y sigue iluminándonos
Germán”   
¡Ñooooo! (con una palmada en la frente) y fui directo a comprobar al texto: ¡Que se me haya olvidado la peña de Pepe Ordás! 
Hay que cantarle un homenaje a la sonrisa
de aquel ancestro soñador;
en la garganta dejó su pétalo mejor
para que hiciera florecer
alguna vez el corazón y la esperanza.
El listado lo había hecho al vuelo, sin apuntes previos, simplemente a chispazo de memoria; sabía que a pesar de nombrar tantos, no pocos quedarían sin mencionar, pero no pensé que mi olvido pudiera recaer –al menos- en dos de las peñas más importantes del país; -podría justificar a lo Sindo Garay: es que “son tantas que se atropellan” por demás que la hacen de los trovadores más cercanos. Claro que yo no escribo sobre amigos, pero en este caso se trata de dos verdaderas instituciones dentro de la cultura cubana, la peña la de Pepe Ordás en el Museo de Guanabacoa y la del dúo Cofradía en Trinidad. (Sí, porque casi detrás del mensaje de Piniella, tenía otro de Pachi y Lía, que me escribían por otras razones, y cuando volví con la corazonada al listado: otro ¡Ñooooo! y otro manotazo en la frente.  
A veces pienso que el amor es un juguete
que vuela siempre más allá de lo que somos
diciendo a los que van a amar cómo hay que hacerlo
y cuando enfrenta la ocasión, no sabe cómo.
Vamos a empezar por lo afectivo, aunque no sea -para el caso- lo más importante; Pepe Ordás es de los seres más queridos de la trova cubana (en honor a la verdad, también Olguita, su compañera y musa no solo de canciones sino de todas las labores con que Pepe dota a la trova.  
Recién empiezo a comprender, que te he llevado en mí,
desde que supe distinguir entre amor y mujer.
Desde que pude valorar, entre mis bolas de jugar
y un beso.

Y al cabo de tanto besar, a otras me encuentro yo.
Comparto el centro de mi juventud, con el final de tu niñez.
Son dos etapas que al azar, se unieron para derrotar al tiempo.
Y es que Pepe Ordás ha tenido tanta vocación dadora, de servicio a la trova (la patria misma) que por lo regular queda –promocionalmente- en un segundo plano su obra como trovador que es una de las más hermosas de la historia de la canción cubana, bastan cinco piezas suyas para inmortalizarlo (sin rimbombancias, que bien vivito y coleando que está): 
“Alex”, “Como una sola voz” (más conocida como Cantar, cantar, cantar), “Son para ti” Mírame (o Cómo me doy, cómo me ves, cómo soy), y De donde viene el amor (o Monte adentro).
Una mañana en el monte
sembró su horizonte
con buena raíz.
Amaneció tan temprano
que ató con sus manos
un rayo de sol
y repartió tantas luces
que amantes los hombres
llegaban a él.
Fue la primera victoria
que tuvo la fe.
Estas cinco serian -por versionadas- las de más resonancia, pero quien ha escuchado a Pepe Ordás en descargas y peñas, habrá notado que ese alto vuelo poético de las mencionadas no decae un ápice en el resto de su obra; así mismo, el lirismo y refinado sentido musical, que acude esencialmente al son, la guajira, o la canción trovadoresca con una perfecta fusión entre la pureza sonora de la llamada trova tradicional, y las diversas influencias que incorpora el Movimiento de la Nueva Trova -del que Pepe (aunque no lo parezca) es cuasi fundador.  
En cuanto sabe a realidad la maravilla
de aventurarse a ser canción y a ser guitarras
late la prisa por amar
y el corazón se vuelve un mágico volcán
que arranca el grito de esperanzas.
José Andrés Ordás Aguilera nació en La Habana, el 30 de enero de 1959. Empezó a estudiar música en la Escuela Elemental de Música Guillermo Tomás, de Guanabacoa y se graduó de percusión en la Escuela Nacional de Arte en 1973. En diciembre de ese año se funda en Manzanillo el Movimiento de la Nueva Trova, se expanden por el país trovadores y agrupaciones imbuidas en el sacudimiento que traen las canciones de Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Noel Nicola, Vicente Feliú, Sara González… y el auge de la Nueva Canción Latinoamericana, con voces del sur como Mercedes Sosa, Atahualpa Yupanqui, Daniel Viglietti, Chico Buarque, los Parra, Víctor Jara, el legado de Violeta Parra, y la sonoridad de grupos como Inti Illimani y Quilapayún, que ejercen un encantamiento, del que emergen varias agrupaciones cubanas, por ese entonces; Pepe Ordás y un grupo de jóvenes músicos funda un grupo Yaguar Malku, (que significa en quechua Sangre de cóndor) lo cual sería poco más tarde, en 1975, el grupo Guaicán. 
La agrupación tiene pronta aceptación y desata una intensa actividad que contempla giras por la Isla y por más de 20 países.
A veces pienso que el amor es una nube de cristal
que se me cuelga al mismo centro de la suerte.
A veces pienso que no es más que una sonrisa juvenil.
A veces pienso que no sé lo que es amor.
Llega la década del 80 y el grupo Guaicán, bajo la dirección musical de Pepe Ordás comienza un trabajo que duraría 20 años, con la trovadora mayor del movimiento, Sara González.  
A veces pienso que el amor puede ser sólo una canción
o una mujer que lleva flores en el pelo,
un beso a tiempo, una palabra,
una sonrisa, una obsesión,
por eso a veces, por eso sólo a veces,
pienso en el amor.
Pepe Ordás sería entonces, instrumentista (especialmente guitarra y tres), arreglista, productor musical de conciertos y discos de Sara González entre los que se encuentran:    
"Con un poco de amor", 1987. Sara González con el Grupo Guaicán. EGREM, Cuba. "Con apuros y paciencia", 1989. Sara González con el Grupo Guaicán. EGREM, Cuba.
"Si yo fuera mayo", 1995. Sara González con el Grupo Guaicán. PM Records Habana, Cuba. "Mírame", 1998. Sara González con el Grupo Guaicán. CRIN, España. "Cuatro cosas", 1984. Sara González. EGREM, Cuba.
Fue tan hermoso regresar a la cosecha
después que el tiempo mejoró las madrugadas.
Qué bueno ha sido despertar
sobre la almohada que soñé
cuando el amor y la canción nos esperaban.
Sus canciones estaban entre las que Sara popularizó, y que tuvieron versiones de cantores en Cuba y varios rincones del mundo, sin que muchos identifiquen a Pepe Ordás como el autor. Y esto viene desde “Alex” defendida por Donato Poveda en el Concurso Adolfo Guzmán de la canción cubana en 1982 y que fuera de las más populares durante muchos años en todo el país. Canción que muchos, hasta hoy, siguen pensando que es de Donato.      
Tengo un amigo pequeño
que viene en las tardes hasta mi jardín
para que yo sepa el cuento
del último sueño que tuvo al dormir.
Ese vivir de Pepe a la sombra de sus propias canciones tiene otros ejemplos -diría que clásicos- como el de ese sabroso son versionado por muchas agrupaciones y que fue emblemático en el repertorio del grupo Manguaré “Son para ti”:
Recién empiezo a comprender, que te he llevado en mí,
desde que supe distinguir entre amor y mujer.
Desde que pude valorar, entre mis bolas de jugar
y un beso.

Y al cabo de tanto besar, a otras me encuentro yo.
Comparto el centro de mi juventud, con el final de tu niñez.
Son dos etapas que al azar, se unieron para derrotar al tiempo.

Enséñame mujer del hechicero, navegar,
la senda que me lleva hasta tu cuerpo.
Y hazme sentir, con el contacto suave de tu piel,
que nuestro amor supo vencer al tiempo.
Otra pieza suya que cuenta con varias versiones y que se asocia a Pablo Milanés por haber sido grabada en memorable dúo con Sara González es “De donde viene el amor (o Monte adentro):   
Guajiro de monte adentro
de donde viene el amor
con este soplo de viento
ya amaneció.
Guajiro mano de tierra,
guajiro buen corazón,
aunque me voy de la sierra
soy labrador.
Entre las piezas de Pepe Ordás que Sara González hizo suyas, resalta “Mírame" (o Cómo me doy, cómo me ves, cómo soy):   
Cómo se iluminaba todo
cuando llegaba hasta mis ojos
el amor con la forma de tu cuerpo.
Tanto dejaste en mí
que supe hacerme otro corazón
y, amándote, llegar a conocerme.

Y yo sigo siendo la misma,
con algo más de amor para los otros
y algo menos de cierto en la sonrisa.
Recuérdame sin ti, piénsame justo.
Cómo te vas, amándome.
Cómo me doy, cómo me ves, cómo soy.  
También Sara popularizó una pieza de Pepe Ordás de gran resonancia en Argentina pues la versionó uno de los más notables intérpretes del rock nacional argentino, Juan Carlos Baglietto, y que, cantada a dúo con Silvina Garré resultó uno de los grandes éxitos de la gira que hicieran juntos en 1989, por toda la Argentina. Se convirtió en todo un himno de la esperanza popular que ha llegado a nuestros días. 
El año pasado (2014) se unieron estos cantores nuevamente para celebrar los 25 años de aquella gira, y al preguntarles a Baglietto y la Garré en una entrevista por el reencuentro la pregunta parte de la cita a la canción de Pepe Ordás, lo que denota la permanencia de la pieza en el tiempo:  
E.D.: ¿Vuelven a presentarse juntos por lo que dicen en ‘Cantar, Cantar, Cantar’ (“para llegar a ser como una sola voz”)? ¿O lo que cantan en ‘Palmas azules’ (“y más aplausos pa­ra mí/ lo que la gente llama éxito­/palmas azules para mí/lo que yo llamo amor”)?
S.G.: (risas) Para todo. Es una combinación. El reconocimiento y cariño de la gente es fundamental, pero es una consecuencia por el cariño y el respeto que tenemos por la música, la gente y entre nosotros.
En otro artículo que reseña el concierto de Juan Carlos Baglietto y Silvina en el 2014 la periodista Abril Lech, comienza citando la canción: 
Cantar, cantar, cantar, 
con la necesidad de la primera vez. 
Cantar, cantar, cantar, 
para llegar a ser como una sola voz.”
José Ordaz Aguilera
(Siempre se acompaña su apellido con la falta de ortografía ya que su Ordás es terminado en S algo inusual).
El final del artículo, rememora aquella ocasión del 89 en que el cierre del espectáculo fue con la canción de Pepe, algo que se repitió ahora:
“El movimiento confirma la apuesta, que es bellísima y se multiplica en pantallas gigantes. La presencia en el sonido de Lito Vitale un verdadero lujo que suma. Apuesta que cierra como aquella ocasión, las manos juntas y en alto, el corazón iluminado, la voz extendida al infinito en aquel “cantar, cantar, cantar, con la necesidad de la primera vez…”
En cuanto sabe a realidad la maravilla
de aventurarse a ser canción y a ser guitarras
late la prisa por amar
y el corazón se vuelve un mágico volcán
que arranca el grito de esperanzas.

Cantar, cantar, cantar
con la necesidad de la primera vez.
Cantar, cantar, cantar
para llegar a ser como una sola voz.
En una entrevista que concedió hace un tiempo Pepe Ordás al periodista Tony López  precisamente para La Jiribilla, da una respuesta que retrata a este creador;  su sencillez, su sentido profundamente martiano de la vida, que está muy lejos de famas y oropeles; la felicidad que está en la utilidad, el conocimiento, la armonía con el entorno social, humano.   
Cuando le preguntan si no le molesta que casi nadie lo reconozca como autor de canciones de tanta popularidad, responde:
“Para nada. A mí me gusta hacer algo que no pueden hacer ni Silvio ni Fidel. Es pararme en una esquina. Yo disfruto muchísimo ir por la calle y poder vacilar mi país, ver a la gente. Y me encanta pararme en una esquina, sentarme en el Malecón. Si me conocieran por mis canciones, y mis canciones hubieran tenido el éxito que tienen otras de otros compositores, yo no podría hacer eso. Me basta con que las personas canten y les gusten mis canciones.
“Es muy fácil de entender. Además, la fama tiene un precio muy caro. Y tengo otro ejemplo. Mis dos hijos son músicos. Si yo fuera un tipo muy famoso, mis hijos nunca podrían ser Pablo José y José Manuel, siempre serían los hijos de Pepe Ordás. La fama tiene muchos inconvenientes, creo que más que las cosas buenas, y yo no estoy dispuesto a pagar el precio de la fama. Lo único bueno que conlleva la fama es la fama en sí misma. Entonces, es mejor disfrutar la vida como tú quieres hacerlo, que no como las personas esperan que tú la disfrutes. Sin estar presionado.” 
Mírame, y ve que no he cambiado,
que es igual mi manera feliz,
y aunque habrá que vendarme la vida
no es preciso que me tenga que morir,
¿para qué?

Si es mejor tener un buen recuerdo
y pensar que me hiciste feliz,
y volverte a mirar de frente,
y sentirme lejana, pero cierta,
¡vaya suerte que me doy!
Pepe Ordás, está muy vinculado a trovadores como Vicente Feliú, Augusto Blaca, Lázaro García y el guitarrista Alejandro Valdés con quienes ha realizado múltiples conciertos y giras. Así mismo ha hecho hermosas presentaciones acompañando, con su guitarra y haciendo voces a muchos cantores, especialmente a don Adriano Rodríguez, gracias a otro de los empeños que hay que agradecerle a Pepe, su incesante sed investigativa de la música en general pero muy en particular de la trova tradicional cubana, no solo en el plano teórico, sino también atesorando grabaciones, estudiando el canto de trovadores añejos. 
Tendría que estar rato escribiendo para nombrar discos en los que Pepe Ordás ha laborado como productor, arreglista, instrumentista, o su labor como productor artístico de galas, conciertos, espectáculos; música compuesta para documentales  y programas de tv.
A veces pienso que el amor son dos amando
que se me cuelgan a la luz de la sonrisa
y cuando pasan del amor a la experiencia
no quedan fuerzas ya para seguir amando.
Su peña mensual en el Museo de Guanabacoa (y casi se me vuelve olvidar entre tantas aristas de su obra) es un espacio que es Pepe Ordás, la magia de la sencillez y la hondura poética, un patio con un público fiel, que sabe que se encontrará con la trova más genuina en voces de diversas generaciones, en los que han crecido nuevos talentos, desde sus hijos (uno percusionista y otro guitarrista) como Annie Garcés, curtida al calor de sus canciones, una muchacha de la que ya se habla mucho por su lo expresiva de su voz y el calado de su repertorio. Peñas en las que uno puede disfrutar a ese Adriano Rodríguez volcánico, gozar el virtuosismo de Pancho Amat, o por la que pasaron seres inolvidables como Sara González o Sonia Silvestre, o Noel Nicola. 
La peña de Pepe Ordás es un rincón donde no hay estrellatos, ni edulcoraciones, ni afeites, ni maquillajes, todo es, como él, canto natural, interacción de versos al vuelo,    
A veces pienso que el amor puede ser sólo una canción
o una mujer que lleva flores en el pelo,
un beso a tiempo, una palabra,
una sonrisa, una obsesión,
por eso a veces, por eso sólo a veces,
pienso en el amor.
Ya que este domingo se celebra en Cuba el día de los padres, me premio con el texto de “Alex”, una canción que no puedo escuchar sin que se me salte una lágrima, y cantarla menos, pues se me hace el clásico nudo en la garganta. (Algo que me sucede, en ese medida, con el poema “Los zapaticos de rosa” de José Martí, y el “Romance de la niña mala” poema de Raúl Ferrer musicalizado e interpretado (como los dioses) por Pedro Luis Ferrer. Ahora que lo escribo, curiosamente (quizás más consecuencia que azar) son las tres, obras que abordan el trato con niños, la riqueza espiritual de ese mundo que a veces no sabemos comprender, o que abandonamos para mal propio. Así que venga con la canción de Pepe Ordás el homenaje a nuestros padres, -y por supuesto las madres. 
“Alex” He tenido el privilegio algunas veces de vérsela cantar a su autor, en espacios cálidos, de no mucha gente, como sabe mejor la trova, incluso en una ocasión estando presente, ya hombre, aquel niño de cuatro años al que se la compuso.   
En una entrevista hace un tiempo Pepe Ordás hizo la historia de cómo nació la canción
“Los padres de Alex son médicos y cuando él estaba pequeñito su papá fue a cumplir misión internacionalista a Mozambique. Yo era amigo de su mamá casi desde que nacimos, del mismo barrio, y él me asumió como la figura masculina que le faltaba. Ese niño iba todos los días a mi casa, pero los domingos, cuando él sabía que yo estaba, llegaba tempranito y no tocaba la puerta, se sentaba en el portal y esperaba a que yo me levantara. Un día me levanté, abrí la ventana, vi que estaba Alex y me dije: caballero, yo que le he hecho canciones a tanta gente, algunas que ni se lo merecen, y a este niño que todos los días se sienta a conversar y a jugar conmigo, no le he hecho una. A mí me cuesta mucho trabajo componer, yo me demoro en hacer una canción; Alex me salió en 45 minutos y el primero que la oyó, todavía calientica, fue él”. 

Álex

Autor: Pepe Ordás

Tengo un amigo pequeño
que viene en las tardes hasta mi jardín
para que yo sepa el cuento
del último sueño que tuvo al dormir.

Y es poco el tiempo que tengo
para hacerme dueño de un sueño infantil,
pero mi amigo pequeño quiere sonreír.

Para mi amigo pequeño
resulta importante venir hasta aquí
porque tal vez en su casa se aburre,
le pasa lo mismo que a mí.

Por eso si el tiempo pasa
me voy a su casa si él no viene a mí
porque mi amigo pequeño se siente feliz.

Tengo un amigo pequeño
que viene en las tardes hasta mi jardín
para contarme la última mala palabra
que ha oído decir.

Yo me contengo la risa,
regaño su prisa voraz de saber
pero mi amigo pequeño quiere conocer.

Cuando mi amigo pequeño
cabalga en mis hombros me siento corcel
hasta que el grito materno anuncia que llega
la hora de comer.

Mi amigo se pone triste,
se acabó su juego, lo siento por él y por mí,
tengo un amigo pequeño que cuando me voy
se pone a llorar.

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