Fidel es un país

Fidel es un país
____________Juan Gelman

lunes, 21 de diciembre de 2015

Giselle

Alicia
Hoy cumple 95 años Alicia Ernestina de la Caridad del Cobre Martínez del Hoyo, mujer excepcional tanto por su arte como por su espíritu, o quizás sean dos elementos inseparables, imprescindibles, para que durante décadas baste decir Alicia para que de inmediato, en el cualquier rincón del mundo, venga a la mente, el más depurado arte de la danza. 
Quiero hacer un brindis por nuestra Alicia Alonso, y quiero celebrarlo con este texto que pertenece a un libro-disco en preparación: “Los amores del Diablo Ilustrado” 

Amalia

La vio crecer, convertirse en mujer  
desde pequeña estudiando ballet
siempre soñando con ser lo que es
número uno mientras que él
de tramoyista siguiendo sus pies
en la penumbra sin dejarse ver
por bambalinas asomándose…

Como el viejo tramoyista enamorado —de la canción de Víctor Manuel—, respiro cada paso tuyo con devoción exclusiva. No tengo derecho de amarte más que en sueños o en esa zona de la vida en que observarte me eleva junto al canto de tu cuerpo.

Baila, baila, baila, bailarina
él siempre espiando tras de una cortina
ese amor secreto que pretende y que le esquiva
que se escapa como el humo, de puntillas.
No te tendré jamás físicamente pero, ¿quién es más tuyo que yo? Ya sé que nada se hace por el amor si no se hace todo lo posible, pero estás en una dimensión en que no puedo siquiera rozarte. Como José Zacarías Tallet, mi voz más profunda me delimita mi radio de acción:
Tú ignoras que yo te quiero
y tal vez nunca lo hayas de sospechar,
aunque eres para mí las estrellas, el claro de luna,
el alba, el ocaso y todo lo demás
que amaban los románticos del buen tiempo viejo
y que ya no se usa…
Es cuestión de categorías
y tú estás
varios peldaños más arriba…
Y yo no podré subir y tú no querrás bajar…
(o no te dejarán bajar).

Por eso no puedes tener la más leve sospecha
de que cuando te miran, mis ojos, ávidos, te besan,
y como nunca, nunca lo sabrás,
solo soy para ti uno de tantos amigos a quienes se dice:
“Buenas noches, Fulano, ¿cómo sigue
de su catarro”, o poco más. 
Eres ¿Alicia?, ¿Isadora?, ¿Giselle? ¿Anna?... Mi cisne salvaje, intocable; las esencias humanas transpiradas, dichas con el cuerpo; poema visible para quienes, como yo, creen que no se puede llegar más lejos con el alma que cuando se vuela imantado por tu figura encarnando la música. Claro que no soy tu único amante; tengo que disputar platónicas pasiones con amigos, compañeros de sueños como Eliseo (Diego) quien desde la platea te dibuja:    
Siempre te vi volar toda ya un hada,
cisne, paloma y mil y más criaturas,
tramando tus divinas aventuras
sobre el borde insaciable de la nada.

Tú misma sólo música encarnada,
luz que dibuja fina en las oscuras
fibras del mundo eternas travesuras
tan naturales como tú hechizada.
¿Y si algún día te alcanzara? ¿Y si te confesara este quemante amor y la música de tu cuerpo se vertiera vibrante sobre el mío?...Solamente lo fugitivo permanece y dura. Me susurra Quevedo, y tal vez tenga razón: Si una noche bailaras únicamente para mí, no volvería a esconderme tras el telón con el celo de querer robarle tu figura a todos esos que desde el otro lado del escenario quedan boquiabiertos.
En fin, que para mí tú eres el Arte
vivo en su ardor, y tan, y tan lejana
como la estrella que el abismo abriga.
Pero ellos son el público; solo ven ese instante cumbre de tu belleza y aplauden con delirio, pero solo aplauden. Yo sé de otros muchos gestos que ellos desconocen: cuando muy tensa te ajustas las zapatillas con un pie sobre una banqueta (como en la pintura de Degas); cuando miras al techo del teatro, rezando, a unos instantes de saltar al vacío; cuando entre actos das una patadita de rabia porque un ala no te elevó lo suficiente, o cuando, altiva, abrazas o lloras, de grandeza o desconsuelo, según la intensidad de los… ¡Bravo! ¡Bravo! con que ovacionan a la caída del telón. Roberto (Friol), otro de mis contrincantes por tus luces, también te ha sentido transitando:
Del centro de la noche
a la razón del alba,
el ímpetu, los números
de la música encarnas;
los dos cisnes que voznan
el amor y el ansia,
el siempre y el aún
de la vida que mana…
Encarnas otro cisne, la escenografía se trastoca, la música deja su aliento sinfónico; has roto las normas: tu vestuario escandaliza, tus movimientos rompen toda cadencia. El público está alarmado. Por un hoyito del backing puedo ver, en la penumbra de la luneta, labios en cuchicheo y una señora de copete que se levanta espantada. Sigue la noche, entro a un café cercano donde se reúne la vida bohemia porteña, al cabo de algunos vinos apareces ciclónica, te descalzas y te desvistes, desbordada de pasión, te abrazas a la enseña albiceleste; deslumbrante tu cuerpo, rompe todas las convenciones sociales, te mueves por la libertad absoluta, la de tu era espiritual. A mi lado, Eduardo (Galeano) sonríe con tus cosas, niega con la cabeza mordiéndose los labios, en parte presagiando males y en parte saboreando tu cuerpo-poema, Isadora, y apunta con su lápiz en una pequeña libretica: 
Isadora Duncan
Descalza, desnuda, apenas envuelta en la bandera argentina, Isadora Duncan baila el himno nacional.
Una noche comete esa osadía, en un café de estudiantes de Buenos Aires y a la mañana siguiente todo el mundo lo sabe: el empresario rompe el contrato, las buenas familias devuelven sus entradas al Teatro Colón y la prensa exige la expulsión inmediata de esta pecadora norteamericana que ha venido a la Argentina a mancillar los símbolos patrios.
Isadora no entiende nada. Ningún francés protestó cuando ella bailó la Marsellesa con un chal rojo por todo vestido. Si se puede bailar una emoción, si se puede bailar una idea, ¿por qué no se puede bailar un himno?
La libertad ofende. Mujer de ojos brillantes, Isadora es enemiga declarada de la escuela tradicional, el matrimonio, la danza clásica, y de todo lo que enjaule al viento. Ella baila porque bailando goza, y baila lo que quiere, cuando quiere y como quiere, y las orquestas callan ante la música que nace de su cuerpo.
Hay criminales que proclaman tan campantes ‘la maté porque era mía’, así no más, como si fuera cosa de sentido común y justo de toda justicia y derecho de propiedad privada, que hace al hombre dueño de la mujer. Pero ninguno, ninguno, ni el más macho de los supermachos tiene la valentía de confesar ‘la maté por miedo’, porque al fin y al cabo el miedo de la mujer a la violencia del hombre es el espejo del miedo del hombre a la mujer sin miedo.
Alicia, Isadora, dos maneras de cantarnos la vida con el cuerpo. Podría parecer que una manera, la danza contemporánea, sea más transgresora que la otra, la danza clásica. Pero en ambos casos los cisnes están desafiando la gravedad, volando lejos hacia las esencias más nobles de la especie humana. ¿Alicia? ¿Isadora? ¿Anna? ¿Viengsay? ¿Odette? ¿Giselle? ¿Amalia?... Ya no tengo el pequeño privilegio de pasearme entre bastidores; a lo sumo, puedo ser un simple espectador. Voy caminando por la calle Prado, acabo de pasar la esquina del Louvre y llevo de la mano a una niña de apenas seis años, va vestida con su leotardo, lleva un moñito de reina en su cabeza. Me agacho, le coloco las zapatillas, sorpresivamente me besa en la frente… y se pierde hacia los camerinos. Entonces gozo por fin el sueño del tramoyista, aunque sea humildemente… El Diablo Ilustrado 

Avanza justiciera —inmóvil crece—
Contra la fortaleza del olvido.
Sólo la luz que danza permanece.
Octavio Paz   



Giselle


Retando al viento
giras como un compás
me invades en estampas
que quisiera entre dientes apresar.

Sospecho una mirada
y creo respirar
te cuelas entre ruidos que no entienden
que no hay más soledad
que no ver la piedad en tus pisadas
flotas sin preguntar
meces las santas copas de los siglos
¡tantos puentes ondulan en tus manos!
y en tu cuello de cisne
se proyecta la paz de los arcanos.

Te das
a este instante de siempre
y quiero ser el tonto
que se exprime en velar
por si alguien ha lanzado una botella al mar…
Así envejeceré
no importa qué dirán
si tú giras —mi bien— como un compás
¿y quién nubla el poder
de las olas que vienen y se van?

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