Fidel es un país

Fidel es un país
____________Juan Gelman

viernes, 15 de junio de 2018

Oración por la Suerte de cangrejos

Aquel primer disco lo fuimos armando Bladimir Zamora y yo, entre la oficina de El Caimán Barbudo y La Gaveta (su cuartico solariego: mini centro cultural-bar) como una gran descarga de trovadores. Al igual que este nuevo proyecto, se trataba de un libro, Confesiones, con textos diversos, (crónicas, diarios, relatos…) y cada uno iba asociado a una canción, componiendo un disco que iría adjunto. Al no ponerse de acuerdo la editorial y la disquera salió cada cual por su lado; y el CD con el como La voz del Diablo Ilustrado. 
El Blado, vividor de las canciones desde que despuntaba el alba de la patria en el horizonte poético, solo necesitaba escuchar el intro de una pieza, o la primera estrofa, para decir el nombre de quien la grabaría. Había algo de trampilla en ese olfato adivinador, porque a decir verdad, la mayoría de mis canciones las conocía de sobra en tanto rodar la Isla de trova en trova:
Te vi pasar ajena a la embriaguez
de aquellas tempestades minuciosas:
yo me asomaba al vino de tu rosa
y tú me saludabas sin llover.
-Eso lleva un dolor de trova santiaguera tradicional, y recia voz: pintada para Eduardo Sosa. -Sentenciaba como si ya hubiese escuchado su versión.  
Lady Hamilton busca su lugar
entre tantos siglos desabridos
sin orientación se ha echado a volar
tras un cuerpo al son de sus latidos.      
-Esa, para el guajiro Pavel Poveda; es una canción de aire barroco, un poco “rosadita” para él, pero con Tamara a dúo le va a quedar bien; y cuando lo estuve tanteando me habló de ella entre sus preferidas.
Te agradezco esta abrupta primavera
que un invierno insistente me ha borrado,
pero divide la verdad
que en mi nevada hay algo más
que pudiera aflorar si tú quisieras.

No hay buen amor sin libertad,
hurga también en mi ciudad
que estoy perdiendo el rastro de quien era.
-“El embrujado” se despeina en una guaracha, se pinta sola para Tony Ávila. Heredero directo de Niño Saquito y Pedro Luis Ferrer.
No es tu cuerpo –mi amor- lo que apuestas
de vuelta a la almohada
tras tantas preguntas que olvida esa boca
viajando en orgasmos
que tiran su puerta en la cara.
No es tu cuerpo –mi amor- son respuestas:
te va arruinando la ilusión cada jugada.
-Hay algo ahí de melodrama “bolerístico”, aunque es más enredada, cuasi filosófica.  Requiere una potente voz: va para de Diego Cano. 
Tras tener al primer grupo de cantores trabajando en las canciones se fue expandiendo la idea y cuando llegamos al evento Longina, en Santa Clara, algunos trovadores enterados del proyecto se me acercaron.
Fernando Bécquer desde el saludo sentenció: -Brinca, que te brinca como un chivo, es mía, (“Son a la moda”).
Y otro que vino directo con su canción ya escogida fue Ray Fernández: -La esdrújula, “La mazúrquica posmodérnica”, ni se te ocurra dársela a nadie. 
Michel Portela ya tenía, por cuenta propia, la certeza de ser “Tu príncipe azul” y en la primera sentada me mostró su esbozo de aire de country; Diego Gutiérrez haría “Menos mal”, Pepe Ordás “Hallazgo de la vida”, Samuel Águila, trovador intenso, de alto vuelo poético, haría “No busques la mujer”; Juan Carlos Pérez, “Acerca de Rabo de Nube” una breve pieza parafraseando o jugando con la canción de Silvio, y Raúl Marchena “¿Cómo matar un fantasma?” a la que le dio un toque suramericano. Fue Marchena quien nos propuso que incluyéramos a Yaima Orozco que despuntaba como la niña linda de la Trovuntivitis. Con esto en la mano empezamos a pensar en términos de variedad de sonoridades y estilos, e incluso en tratar de abarcar diversas zonas del país con los intérpretes.
Bayamo, la tierra del Blado, no podía faltar y buscamos a Ormán Cala para “EPD Golondrina”, el dúo de Lien y Rey, de Matanzas -emblemático ya por entonces-, “Contraluz para otra suerte”; y Ariel Díaz con Amanda Cepero harían una canción con aire de trova tradicional “Con el paso del tiempo”; una que no podía faltar era Yamira Díaz, ya clásica por su obra y por su Trovazo, espacio mensual, sostén de la canción poética en Pinar del Río que le cantaría a Serrat “Tras el telón de los 90”.
En este punto en que la gran mayoría de las canciones tenían su intérprete, surgía entonces un gran problema: los que se quedaban fuera. Son tantos los amigos trovadores cercanos en las rutas y andares del Caimán…pero eso no tenía solución, y no se trataba de una antología.  
Sabíamos que, con los que ya teníamos, había un amplio abanico sonoro, sin embargo yo quería un guaguancó para el disco y ningún trovador se iría por ese camino. Dejé reservada “Yo sé de un monte sagrado” que, desde que la compuse, la escuchaba con una repetición del segundo y cuarto verso de cada estrofa, como un canto y reafirmación del coro.
Yo sé de un jardín sin puertas
vigilado por un muerto
                                      -vigilado por un muerto
donde florecen respuestas
a las preguntas del viento
                                     -a las preguntas del viento.    
Alfredo y Ana (almas sublimes)
Para presentar el proyecto necesitábamos un demo, y no sabíamos cómo concretarlo pues grabar a tantos y de todas las regiones del país llevaba una producción impensable. Ante tal dilema tuvimos una Suerte de cangrejos. En un par de meses celebrarían el cuarto aniversario de esa renombrada peña en Cárdenas y que se planteaban celebrarlo por todo lo alto. Toño y Govantes, organizadores de la peña con Cultura y el Museo de la Batalla de Ideas, llamaron al Caimán Barbudo para invitarnos a presentar la revista allá, y Bladimir les comentó la idea del disco libro por teléfono. De manera que habíamos presentado con gran revuelo, El Diablo Ilustrado, en la Feria del libro enseguida se embullaron. Hablarían con Ana y Alfredo, que servían de anfitriones, con su casa, su patio y especialmente su cálido trato.
Alfredo y Ana…extraño idilio de los poetas, alma sublime para las almas, diría de ellos Sindo Garay. Desde el abrazo de recibimiento hasta el de adiós, (invariablemente un hasta pronto con nuevos planes para que volviéramos) se entregaban por entero en atenciones y en la conversación soñadora y profunda, de una alcurnia espiritual que uno se siente ante con ellos como existiendo dentro de canciones, o de una novela clásica; en una realidad otra, cuasi ideal. Allí, en su sala, o en su estrecho patiecito colonial uno se sentía… como en su propia casa: su casa de toda la vida, su casa de cantores, pintores y poetas y duendes… su casa de ensueños.    
Menos mal las estrellas —a salvo en su distancia—
menos mal que me esperan, que alguien vela mis ansias,
menos mal estas cuerdas…menos mal la guitarra
que viene de trasmano para salvarme el alma,
                                                             el alma
.
No pasó media hora de la conversación con Govantes y ya estaba la llamada telefónica, de Anita y Alfredo; sin para luego: -El sábado tienen que venir (era jueves ya) a Cárdenas para “amarrar” el evento.
Y no había alternativa, así que llegamos poco después de las 3 de la tarde sabatina. El abrazo, la sonrisa noble, dadora, el café, el añejo, el almuerzo ¿pero si ya almorzamos? –No importa, re almuerzan. Toda la familia llamando a los amigos, y se precipita el proyecto. Bladimir comenta la idea del guaguancó y mandan a buscar de inmediato a Columbia del Puerto, agrupación de larga data, fundada allí en Cárdenas en 1972, y de las más destacadas de la música afrocubana.
A las 6 de la tarde ya estaban en el Patio de los Cangrejos rumbeando. Le dimos la canción para que la convirtieran en guaguancó y el extra lo puso Bladimir: -Va a cantarla con ustedes Don Adriano Rodríguez. (¿Y eso de dónde salió? ¿Ya habría hablado con Adriano?) Me miró, y con picardía infantil me hizo un guiño de ojo (lo cual podía traducirse como: “dalo por hecho”).  
Aquello sería un festín de 3 días con más de 50 músicos y trovadores, saldría una guagua desde El Caimán Barbudo el viernes 1 de junio a las 1 de la tarde y ese mismo día empezaban las presentaciones, descargas y ensayos en tres partes para el Concierto central (con ¡17 temas! y en formatos distintos casi todos) el domingo 3 de junio a las 9 pm. Para colmo, muchos de esos arreglos se montarían allí mismo, con músicos que venían de diferentes provincias. 
A tres días de la salida, me llama Bladimir: -Muy mala noticia, ¡terrible! Carmita, hija de Anita y Alfredo, tuvo un accidente de tránsito, y está grave en el hospital. Le dije a Govantes de inmediato que suspendíamos todo.
Empecé a llamar y enviar mensajes para que supieran los implicados que quedaba todo aplazado hasta nuevo aviso. Y en pleno proceso, nuevo recado de Govantes: -Anita y Alfredo dicen que nada de suspender, que Carmen ha crecido amando la trova y no nos perdonaría que se suspenda por ella la Suerte de Cangrejos. 
Nuevo mensaje al listado “Concierto Confesiones” de direcciones de correos, con asunto Urgente:

29 de mayo de 2007, 9:18, E.D.I escribió: Se echa para atrás la suspensión gracias a la trova y las almas: Los padres de la muchacha accidentada —ejes impulsores del espacio trovadoresco "Suerte de cangrejos"— al enterarse de que los amigos habíamos suspendido el concierto por la extrema gravedad de su hija, pidieron, por favor, que precisamente como gesto de apoyo a ese duro momento que pasan, pusiéramos todo lo que esté en nuestros espíritus porque el concierto salga. Un abrazo.
Menos mal que aún hay huellas de locuras diarias
que hay quien llora ante un cuadro o muerde una canción,
que alguien busca una piedra de pasión milenaria,
que hay quien no vende un verso,
que hay quien siembra una flor
por hablarle a una flor.

Yamira Díaz y su grupo llegarían de Pinar la noche anterior, por lo cual tuvimos que regar colchonetas por la oficina del Caimán para que durmieran allí. La casa Editora Abril preparó una comida nocturna y un almuerzo antes de la partida. Un carro buscaría en Alamar a Ray, a Roland Jorrín (nuestro infaltable tresero) y don Adriano Rodríguez.
Al mediodía llegó la guagua (una aspirina) para la tropa bullanguera. Los músicos del centro y el oriente iban con pasajes en ómnibus interprovinciales y tren. Bien complejo todo el andamiaje, que llevó días de reuniones y múltiples llamadas a la UJC y Cultura de varias provincias. Iban guitarristas, treseros, bajistas, percusionistas, que se encontrarían para hacer los montajes de las canciones allí mismo en Cárdenas, muchos de los cuales con ideas vagas de la pieza que tocarían; por lo que aquello tras el desembarco fue el pandemónium.
Llegamos pasadas las 3 y nos ubicamos en los dormitorios de un hotelito para estudiantes; a la media hora ya sonaban las cantatas por las habitaciones. Esa misma noche de viernes se dividían las tropas en varias actividades:    
Concierto Suerte de Cangrejos: Museo Batalla de Ideas 10:00 p.m. Concierto: Museo Oscar María de Rojas 10:00 p.m. Teatro Cárdenas: Ensayo 1 a las 8:00 p.m. Y como habitual remate: Patio de los cangrejos "trova sin trago" 11.45 pm.
A las cuatro de la mañana no podía más y fui a acostarme, (tengo la impresión de haber sido el primer desertor) y aquel patio estaba que no cabían un alma; unos perdidos en el alcohol, -otros realmente encontrados en él. La “trova sessions” delirante… (¡Ay, mamá!, mañana no hay quien levante a la gente). Recuerdo que don Adriano, con sus 82 años estaba a su aire, con un vasito de vino en la mano, como si fuera un muchacho (o como el muchacho que era).      
Al día siguiente, con mi hábito de despertar antes que el sol, salí a la calle en busca de café, y lo increíble, en la puerta del Museo de la Batalla de Ideas, conversando animadamente con Govantes, don Adriano Rodríguez; fresco como una lechuga. Se estaba quedando en casa de Ana y Alfredo. Nos sentamos un rato en el parque central, frente a la casa de José Antonio Echeverría, y empezamos hablando de la gravedad de Carmita, del accidente de la guagua bajando la loma de la entrada a la bahía matancera; luego llovieron anécdotas de casi un siglo de gloria musical.
Empezó contándome de la carrera universitaria que significó para él cantar ilustrando las conferencias de Fernando Ortiz, por allá por los años 40, en las que también estaba Merceditas Valdés. De cuando integró el elenco de un espectáculo de Gonzalo Roig junto a Rita Montaner, dice que era una mujeraza, pequeña pero muy hermosa, y con “tremendas pulgas”: no creía ni en magnates, ni empresarios, al que se le atravesaba le soltaba la “patada”; una energía increíble y cuando cantaba había que escucharla.
¿Y también conoció al Benny Moré? Le pregunté, a sabiendas de que había alternado muchísimas noches de cabaret, ansioso por tener el testimonio de primera mano. Su respuesta comenzó por un ¡Ufff! voz era un cristal. El Benny era un torrente, y en cuanto a la fama de informal y terrible, era más leyenda que otra cosa. No le aguantaba soquetadas a nadie. Él me tenía cariño, y yo lo respetaba mucho; a veces iba a verme cantar en las madrugadas. Por muy “jalado” que estuviera, siempre fue solidario, noble, cariñoso; era muy bromista, pero conmigo era comedido. Y una cosa, no tenía nada suyo.
No podía creer lo que escuchaba, Adriano saltaba de una historia para otra, hablando de íconos de la cultura, como de socitos del barrio. De dúos con Celia Cruz “excelente mujer, yo le tenía especial cariño”, de Carlos Embale… de cuando dirigió a un grupo de trovadores para cantar y grabar las canciones de su amigo Sindo Garay, quien asesoró personalmente el montaje de las piezas.
Ya el Blado me había contado de su trayectoria, pero era algo delirante tenerlo sentado en el banco del parque desmenuzando una de las historias más ricas de la cultura cubana, que para él era simplemente su vida. Había transitado por todas las músicas: el Coro Nacional de Cuba y el teatro Lírico, grandes shows de cabarets, el Conjunto Folklórico Nacional, los viejos trovadores de la peña de Sirique… y a propósito la Trova (así con mayúscula) el único ser que grabó con Sindo Garay, con Silvio Rodríguez y con Pablo Milanés.
Con Pablito participó en el volumen 2 de Años de una trilogía de lo más sublime de la discografía cubana, en la que colaboran además Luis Peña (el Albino), Octavio Sánchez (Cotán) y Lorenzo Hierrezuelo. Y con Silvio, en el disco Érase que se era cantando, para más simbolismo “La canción de la trova”:
Aunque las cosas cambien de color,
no importa pase el tiempo.
No importa la palabra que se diga para amar.
Pues, siempre que se cante con el corazón,
habrá un sentido atento para la emoción de ver
que la guitarra es la guitarra,
sin envejecer.

Y, como para que no quedara nada por cantar, Adriano se involucró en la música más experimental, cuando Edesio Alejandro lo descubrió desde su cuarto. No sabía quién era él (aunque cueste aceptarlo, era un desconocido mediáticamente), pero vivían puerta con puerta. De pronto Edesio escucha una voz que no podía creer, ¿de dónde salía aquello?, pues de la ducha de su vecino, que cantaba mientras se bañaba. Aquel señor muy mayor, al que saludaba cotidianamente, era una de las más importantes voces de la música cubana (lo cual no es poco decir). De inmediato tocó a su puerta para cerciorarse de ese descubrimiento, y desde ese momento el “viejo Adriano conspiró en las hermosas locuras de Edesio Alejandro.    
Y estaba yo con esa leyenda en carne y hueso, amaneciendo sentado en el banco del parque con aquel inmortal; para colmo un ser físicamente impresionante, un Adonis negro de 6 pies de estatura. Con más de 80 años, recto como una vela, de andar firme,   con paso elegante, blanco en canas y con una sonrisa de muchacho, los ojos pequeñitos, soñadores; conversación de hombre de mundo, pausada, en tono bajo, que contaba como si se tratara de historias ya escritas, con hilos dramáticos y situaciones jocosas, de una narrativa “imantadora” y desde una altura ética que empinaba al interlocutor.     
Muy poco a poco se fueron incorporando los náufragos de la noche anterior y hasta vimos pasar a un par de ellos, el tresero Roland Jorrin y el guitarrista Charly Aliaga, en sentido contrario, o sea hacia la cama, porque del patio de los Cangrejos habían seguido la “fiesta” con dos muchachas rumbo al mar.
La segunda jornada con mayor voltaje aún y con gran confusión con respecto al concierto. De entrada, algunos de los previstos no llegaron a Cárdenas y si bien algunos ya tenían “amarraditos” sus arreglos, otros apenas empezaban a convocar instrumentistas. Fue un taller vertiginoso, y me buscaban por todos lados para que le echara un vistazo a los arreglos.
Como era de esperar el caos fue creciendo, terminamos de ensayar en el impresionante teatro de Cárdenas, a la hora de comenzar el concierto, y con el público esperando afuera y como para llenar aquello. La complejidad se incrementaba por la variedad de formatos, desde Eduardo Sosa, solo a guitarra, o Yamira Díaz con su grupo, Lien y Rey que era un cuarteto con viento y percusión, hasta otros que en principio iban de trovadores a guitarra y fueron incorporando instrumentos. Y qué decir del cierre, Columbia del Puerto, todo un conjunto folklórico que incluía danza.
Menos mal las estrellas -a salvo en su distancia-
menos mal que me esperan, que alguien vela mis ansias,
menos mal estas cuerdas, menos mal la guitarra
que viene de trasmano para salvarme el alma,
el alma.
Con alguna ausencia, algún problema técnico, y extensión en el tiempo, aquel   concierto de locos, fue logrando gran complicidad con el público, (que no había escuchado antes ninguna de las canciones, ni conocía a la mayoría de los intérpretes, salvo Tony Ávila, Columbia del Puerto o algún otro que hubiera pasado por las peñas allí). Así y todo aquello terminó como una fiesta con el público desbordado, de pie, haciendo palmas y hasta coreando y bailando el guaguancó de cierre. Y muy importante, quedó grabado; y fue el demo que presentamos a Dagoberto y Sibyl, como propuesta de disco con la EGREM. Pocos meses después se grabó en los Estudios Areito de San Miguel, en Centro Habana, con 14 temas y salió como CD La voz del Diablo Ilustrado.
Tras aquel concierto dedicado a Carmen, que seguía en la sala de terapia intensiva en el hospital de Matanzas, fuimos para el patio de los Cangrejos. Empezó a caer una llovizna en pleno canto, y a punto de dispersarnos, aparecieron jóvenes con sus paraguas que venían a poner velas por la joven accidentada, la noche se estrelló con esas pequeñas luces de oración por la muchacha ausente a la trovada. 
A la mañana siguiente, la despedida, parecía que Carmen daba algunos signos de mejoría dentro de la gravedad y salimos de Cárdenas, en nuestra guagüita Girón, de regreso con la idea de hacer escala en el hospital de Matanzas. Sabíamos que no se podría pasar a verla, pero al menos hacíamos acto de presencia y dar el abrazo agradecido a Anita y Alfredo.
Se extendió por rotura nuestra presencia allí hasta la tarde, y muy cerca organizamos una serenata diurna que propuso Ray Fernández por nuestra Carmen.
No habían pasado dos semanas y Bladimir recibió la llamada que temíamos.   
Mensaje al listado “organizadores en Cárdenas del Concierto Confesiones” de direcciones de correos, con asunto Dolor:

15 de junio de 2007, 7:07 E.D.I escribió:
Acabo de recibir la llamada de Maikel confirmando que el cuerpo de Carmita fue vencido en esa larga y terrible batalla; no bastaron siquiera nuestras mejores canciones. Intentaremos estar de alguna manera; especialmente a mí me será difícil moverme pues estoy a cargo de mis dos pequeños (mi compañera está en Alemania hasta el domingo), veremos qué puedo hacer. Un abrazo, y ya iremos; no te pido que le transmitas a esos padres-hermanos mensaje alguno, pues sé que a esta hora no hay consuelo.

Carmen de los cangrejos


Perdió su cuerpo, sí, pero su alma
se nos queda acunándonos los versos
saboreando en silencio la guitarra
que vuela en su mirada hacia lo eterno.

Ha amanecido gris como un invierno
sin consuelo o cobija, sin aliento,
queda pendiente un libro, el mar ¿cuántos inventos
que su imaginación tan noble habría engendrado?

No ha perdido el amor, solo ha viajado
hacia el rincón remoto donde el viento
nos llame con su voz de enamorado.

Allí donde el abrazo nunca es viejo
Carmen dará a las voces lo soñado
para trovar en paz con sus cangrejos.


Nota: Comencé a escribir estos recuerdos de Cárdenas, entrando a este mes de junio de 2018. Cuando empiezo a hurgar en el buscador de mi correo gmail los mensajes de aquellos días, para precisar fechas, me percato de que estoy escribiendo exactamente 11 años después de haber vivido aquella aventura musical. Y no es todo, aquel concierto “Confesiones” con que entrábamos a los caminos del primer disco La voz del Diablo Ilustrado se realizó el sábado 3 de junio de 2007, y el sábado 4 de junio de 2018, (15.24 pm) Enrique Caraballea dio por cerrado el master Los amores del Diablo Ilustrado, en los Estudios Scorpio. O sea, que terminamos este nuevo disco, a los 11 años de haber empezado el primero.
Por alguna ignota razón me asalta a esta hora de coincidencias, la enigmática “Convergencia” de Bienvenido Julián Gutiérrez; y pienso en Carmen, el Blado, Adriano… y alzo un próximo sueño como un brindis, o una sentida oración agradeciendo a esos duendes que ciertamente partieron, pero están como un resguardo de la trova, sentida y con sentido, la que no vende un verso, la que siembra una flor por hablarle a una flor:     

Aurora de rosa en amanecer,
nota melosa que gimió el violín.
Novelesco insomnio do vivió el amor,
así eres tú mujer:

Principio y fin de la ilusión,
así eres tú en mi corazón,
así vas tú de inspiración.

Madero de nave que naufragó,
piedra rodando, sobre sí misma,
alma doliente vagando a solas
de playas, olas, así soy yo:

La línea recta que convergió
porque la tuya final vivió. 
 

1 comentario:

  1. Gracias por ese relato, lo leí casi como si lo hubiese vivido.. o si?

    ResponderEliminar