La canción “Compañera”, dijo Silvio en una pieza que, compuesta en 1987, nos ayudó –a un buen grupo de amigos- a sortear juntos extremas escaseces en 1992, cuando salió el disco que la contenía. Entre el hambre y el ocio, se nos ocurrió por entonces un campeonato de dominó (a 100 partidos, con clasificación y play off) cuya primera edición gané entonces. Como premio –en días en que parecía que no había nada que regalar- recibí precisamente el disco (por entonces de placa) “Silvio” (primero de la trilogía o tetralogía –si le incluimos “Descartes”- que componen “Rodríguez” y “Domínguez”). Al día siguiente del trofeo ya había “fusilado” a la Compañera, en la guitarra para decirnos una y otra vez que:
El amor sigue en brete
y el camino a machete,
mas no lloro por tal
ni me amilano,
si conservo mis manos,
mi sudor y el humano
corazón.
El amor sigue en brete
y el camino a machete,
mas no lloro por tal
ni me amilano,
si conservo mis manos,
mi sudor y el humano
corazón.
Aunque lo que escribe o compone el trovador Silvio Rodríguez no necesita “promo” –al menos entre mis entrañables amigos- quiero expandir ahora dos textos de los últimos tiempos del Ayatola (así lo bautizó Santiaguito Feliú); quizás ya los han leído, pero “por si” y porque reproducirlo implica (como siempre ha hecho la buena trova) decirle a un ser amado lo que uno no ha sabido expresar o sintetizar, aquí van.
“Para no botar el sofá” (canción editorial)
Autor Silvio Rodríguez
Qué feos se ven los cuadrados
queriendo imponer su patrón,
en nombre de lo inmaculado
y de una sagrada razón.
Sofismas, le llaman algunos;
paquetes decimos acá.
Y yo, que no creo en ninguno,
les veo botar el sofá.
“Silencio, porque llega el lobo
y te devora;
el enemigo acecha todo
y a toda hora.”
Y mientras se imaginan majos
de la conciencia,
la realidad es un relajo
de ineficiencia.
La juventud se fuga en masa
y ellos se alteran
porque una boca no es de raza
o de su acera.
Y, como el cónyuge burlado,
una mañana
tiran lo menos complicado
por la ventana.
Qué poco favor a las luces,
qué inútil y amargo disfraz,
mientras lo prohibido seduce
sin tener que usar antifaz.
No quiero el abrazo con horma
ni el beso como obligación,
no quiero que vicios y dogmas
dispongan en mi corazón.
Los vi truncar publicaciones
inteligentes
y descalificar canciones
por diferentes.
Los vi cebando las hogueras
de la homofobia,
en nombre de falsas banderas
y tristes glorias.
Los vi, confiados y seguros
lanzando dardos,
aparentando jugar duro
pero a resguardo.
Los vi, y no es que lo quisiera
o lo buscara;
los vi en el parto de una era
que se alargaba.
Para pronunciar el nosotros,
para completar la unidad,
habrá que contar con el otro
las luces y la oscuridad.
Es grande el camino que falta
y mucho lo por corregir.
La vara, cada vez más alta,
invita a volar y a seguir.

Viene la cosa
Autor Silvio Rodríguez
Viene la cosa,
viene la cosa fea;
viene la cosa,
como mano de brea.
Su inquietante nariz
parece un caracol,
y su talante gris
le pone rabo al sol.
Viene, viene la cosa
y la canción de amor
solloza.
Viene la cosa,
aunque no te lo creas;
viene la cosa
como viento y marea.
Viene más que la luz,
viene para acabar,
por eso el avestruz
no tiene ya lugar:
porque la cosa viene
y la mentira no es
quien la detiene.
Viene la cosa, por más que sea injusta y ofenda;
viene la cosa a exhibir desparpajo total;
Viene la cosa invocando lo que le convenga,
porque ha pasado de moda la noble moral.
Viene la cosa,
viene por todos lados;
viene la cosa
rescribiendo el pasado.
Pero, a falta de dios,
doy pecho al huracán
y saco bien la voz
y al pan le digo pan.
Porque viene una cosa
que sólo la sinceridad
destroza.
Agosto, 2016
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