Fidel es un país

Fidel es un país
____________Juan Gelman

viernes, 25 de mayo de 2018

Frank y Santiago con Marilyn Monroe en mi Buenos Aires querido

Vuelvo al Sur,
como se vuelve siempre al amor,
vuelvo a vos,
con mi deseo, con mi temor.
…Y el bandoneón llegó desde mi Buenos Aires querido. Susana baila con Piazzola y Frank Delgado saca el alma de tanguero. Se lo juega todo con su voz como un viejo lamento Goyeneche.    
Se encontraron en la playa
la imposible madrugada
sin testigos, sin oleaje,
ni una luna de soñar…
Trae el amor imposible de un hermano que se gastó una vida malhechora y “trovadicta”, un ser desaforado y tierno, que logró apresar en un instante la pureza de ese beso único, ideal, que sale de los labios de una mujer de luz -que para más fatalidad murió en el mismo año en que él nacía. 
Norma y Santiago
sin mañana, sin pasado,
sin perdón de inquisidores
temerosos de un destello de sinceridad.

De manera que la poesía todo lo puede, Santiago Feliú se encontró con Norma Jeanne (la mujer de carne y sueños que habitaba dentro del sex simbol que el mundo adoraba como Marilyn Monroe) la última madrugada de su existencia; como solo tenía unos 5 meses de nacido aquel 5 de agosto de 1962, le hizo una canción (creando así unos tres minutos para amarla a sus anchas): 
Dame un beso
desmedido y saturado
de cualquier intención
de amor,

oscuro y preso,
largo, infeliz,
sin tener por qué,
escondido, infiel,
beso por querer.
Fue Carballea quien propuso a Frank para “Norma y Santiago”, cuando hacíamos la alineación del disco; yo solo dije, “sería lo ideal” –cuasi rezando porque se cumpliera un deseo que no me habría atrevido siquiera a soñar.vivía Santiago Feliú. Fui a buscarlo pues le iban a dar el premio Abril. Me mandaron de la editorial al suicidio, pues las 9 de la mañana es la hora de ir acostarse para él. Lo había llamado el día anterior y me había dicho que sí, de ahí mi osadía. Aunque después me preguntaba si le había puesto asunto a lo que le proponía o estaba en otra cosa y dijo sí para salir del paso. Así que no con poco temor toqué en la puerta.
Era un cadáver deambulando cuando me abrió, en calzoncillos, bostezando, y con una cara de “siéntate” de “y yo no sé qué hago en este mundo” se fue hacia el café y vestirse. Me dejó con fotos y afiches, entre ellos de Gardel y Marilyn Monroe.
Ella apareció en la arena 
-oración arrodillada-
sollozándole los versos 
del alma que se le va.
Sabía de su pasión por el rey del tango, pues en alguna que otra descarga, cuando la embriaguez empina la voz desde el fondo del alma, lo vi “gardelear” de lo lindo, pero me sorprendió lo de Marilyn, pues aun no conocía su canción “El beso” dedicada a ella. 
Dame el beso
de la duda sin ternura,
de los tristes y cansados del amor,
mojado y valiente,
que no se me pueda olvidar,
solidario y bien,
bésame el besar.

Ese afiche en su salita se me quedó en algún rincón guardado, y unos años después escuchando la canción me asaltó la historia de amor que escribí como si me la dictaran, de un tirón.  
Iba, en el libro que esbozaba entonces, con otra canción que tenía compuesta hacía tiempo y se la envié por correo. Creo que mi mensaje era demasiado largo, por eso, al no recibir respuesta presupuse que no lo había leído o –peor- no le habría gustado el relato.    
Con su patria, y con la humana
aferrado a la guitarra
arrastraba a los fantasmas desterrados en la mar;
taciturno, despistado, tierno, zurdo, navegante
sin patrón y desafiante
rumbo a la estrella polar.

Frank grabando "Norma y Santiago"
Y llegó la mañana del 12 de febrero de 2014; 7 y algo am. Llevo a Amalia de la mano para su escuela y desde la terracita del teatro Bertolt Brecht me grita Renecito de la Cruz: -¿Ya sabes lo de Santiaguito?  
 -Sí, lo del concierto en Fábrica de Arte.
Le contesté extrañado de tanto alboroto por eso.
Cuando me hizo señas para que me acercara negando con la cabeza, sospeché que algo malo ocurría, pero no pensé que tanto.
¿Cómo que murió?... Y le repetía, ¿estás seguro? ¿Confirmaste?... una y otra vez, hasta que casi bravo “Sí, compadre, qué más quisiera yo, que fuera una bola”. Lo habían llamado en la madrugada y él había confirmado con Mildrey y Frank, y ya empezaban a dar la noticia. 
Santiago y Norma
danza hereje de las sombras
como cuerpos que se queman
en un beso desmedido y saturado, sin final.
Llegando a casa llamé a Anita al trabajo y rompió a llorar. Ahí empezó a darme vueltas como un barrenillo la canción que terminé cinco días después, el 17 de febrero.
Como cuerpos que se queman
donde al fin te salvaré,
me salvarás.
Comencé a cantarla en la peña de los miércoles de El Caimán Barbudo, haciendo la historia del relato de “Norma y Santiago” y de la contrariedad de no saber si se lo había leído. Tuve la oportunidad, no únicamente por correo, conversamos un par de veces, pero dejé pasar la ocasión, por esa maldita manía mía de creer que siempre hay tiempo por delante. Recuerdo que estuvimos, precisamente con Renecito de la Cruz, en la Casona de Línea, en el “camerino” dándonos unos tragos, en la previa de su concierto, y lo pensé pero me dio pena preguntarle.
En uno de esas peñas de los miércoles y el bar, estaba Marta Rosin, entrañable amiga argentina; militante auténtica, de las que se jugó la vida en la dictadura militar, y se la sigue jugando cada día; que se sabe Cuba como suya, y lleva la trova en su modo de vida. Fue Marta, por cierto, quien me llevó a la tumba de Gardel en el cementerio La Chacarita.
Pues ella escuchó mi cuento en la peña y luego, de retorno a Buenos Aires, escribió algo en Facebook. Y el mundo de estas canciones gira más que un LP de acetato bajo la aguja de un viejo tocadiscos. Surgió otro amigo argentino, que también había pasado en ese tiempo por la peña del Caimán, José Bonavita y comenzó un chateo el 24/09/2015, del que copio momentos:
Santiago con Gemma y José Bonavita
*José Bonavita escribió: “Marta: Recuerdo el cuento/canción sobre el encuentro de Santy con Marylin, Santiago me lo hizo leer, al cuento y la letra de canción ¿qué paso con eso? Estaba muy bueno ¿Se grabó se editó?”
*Marta Rosin escribió: “Ojalá, te leas El Diablo Ilustrado. El mes pasado, estuve en la peña de la Egrem, contó la historia, diciendo que no sabía si Santiaguito la había leído. Pues nunca le contestó.”
E.D.I escribió: “Marta, ¡¿qué noticia es esa de que el Santy leyó la historia suya con Marylin?! Me da una alegría tremenda…” 
E.D.I escribió: “Jose Bonavita, acabo de leer tu comentario con Marta Rosin acerca del cuento de Santiaguito. Nunca supe si lo había leído. Después de escribirlo, se lo mandé y nos vimos algunas veces pero nunca le pregunté, por pena, y él ni me hizo comentario; llegué a pensar que no le había gustado
José Bonavita escribió: “Jajajaja, muy de Santy. Sí, la leyó, y me la hizo leer, así que he sido privilegiado. ¿No?”
E.D.I escribió: “No sabes la noticia que me das. Siempre cargué con la pena de no haberle preguntado y como una vez, por otro correo, me criticó que yo escribía mucho…”  
De José Bonavita: “Le gustó, y bastante, desde el momento que me lo mostró. Fue en, Buenos Aires, te diría que recién recibido el mail. Qué bueno, hermano.”

Tras esta anécdota, Carballea hizo muchísimos cuentos alucinantes con el Santi en Buenos Aires, esa ciudad bohemia, que desborda poesía… y asados, y vinos, y amigos; y le conté de Liliana Herrero y de Horacio González, y de ese raro privilegio de estar viviendo con ellos unas tres semanas que fue como hacer un doctorado de cultura raigal “nuestroamericana”. Días de ensayo, de Liliana con su grupo, allí en su sala con los trovadores Marta Campos y Leo García, en una actitud creativa como el rayo que no cesa; y la Majo, tan porteña como la calle Corrientes, llevándome por esos rincones en que yo, afiebrado, veía por dondequiera canciones de Gardel.  
-Coño, aquí tenemos que meter un bandoneón.
Se refería Carballea al arreglo del disco: -Tiene que estar Piazzolla, el Santi va a brincar de contento, amaba desmedidamente a la Argentina, era como su patria bohemia.”
De inmediato llamamos al Rober para consultarle: -“Sirvió rodríguez”, ese el toque. Contestó y empezamos a maquinar.
Susana Ratcliff
Carballea –en uno de sus típicos caprichos-instintos- me pidió que buscara no solo a alguien que tocara el bandoneón si no que fuera mujer. El por qué no sé, pero le escribí de inmediato a Juan Alcoba, (promotor argentino, que organiza conciertos y giras) y en un par de horas me proponía a Susana Ratccliff. A la que ya le había explicado el proyecto por teléfono, y le encantaba la idea y esperaba mi correo. Lo que se dice: eficiencia.        
…Y el bandoneón llegó desde mi Buenos Aires querido. Susana baila con Piazzola y Frank Delgado saca el alma de tanguero. Se lo juega todo con su voz como un viejo lamento Goyeneche
Trae el amor imposible de un hermano que se gastó una vida malhechora y “trovadicta”, un ser desaforado y tierno, que logró apresar en un instante la pureza de ese beso único, ideal, que sale de los labios de una mujer de luz -que para más fatalidad murió en el mismo año en que él nacía
Se encontraron en la playa
la imposible madrugada
sin testigos, sin oleaje, ni una luna de soñar;
él, descalzo y embriagado,
trovador rocanroleado,
daba tumbos por el tiempo
—por un tiempo que no está.

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