Durante los días del Congreso de la Asociación hermanos Saíz estuve escribiendo algunos textos que me solicitaron de La Jiribilla. Aquí va el primero de ellos.
Cuando me pidieron que escribiera algo sobre “mi etapa” en la AHS, a propósito del Congreso, pensé de inmediato hacerlo de ahora mismo, pues no siento haber salido nunca de la Asociación Hermanos Saíz. No lo digo como frase retórica, quizá de cortesía (“yo siento que sigo siendo parte de la organización...”), es que sigo siendo de la organización —aunque la edad hace tres lustros que me lo impide formalmente—. A propósito, debo haber sido el asociado que llegó a más edad dentro de las filas pues, por formar parte entonces de la Dirección Nacional, llegué casi hasta los 40 militando, cuando el límite permitido es 35 años. Recuerdo que nos despidieron en el teatro Amadeo Roldán, tras una jornada de debate; sería año 2000 más o menos, leyeron halagos personales sobre cada uno, nos regalaron una obra plástica...; salimos entonces Fernando Rojas, Jacomino, Zurbano, Palomino... no recuerdo si Alexis Triana... algunos siguieron unos añitos más como Omar Valiño, Normita Derivet y Alpidio (que pasó a ser presidente).
Entregábamos nuestro mandato tras una etapa importante, pues se reestructuró la organización, se hizo reconocible para la sociedad; se estrechó la interacción con las instituciones, y surgieron maneras de financiar los proyectos artísticos como la Junta de Patrocinio que obligaba al ICRT, MINCULT, UJC, Poder Popular y otros factores a viabilizar la ejecución de los proyectos.