Ahí, debajo de la tierra,
no estás dormido, hermano, compañero.
Tu corazón oye brotar la primavera
que, como tú, soplando irán los vientos.
Pareciera que se cantó a sí mismo cuando escribió estos versos al Che, unos cinco años después de estremecer al mundo su asesinato en La Higuera, era torturado y ultimado a balazos el cantor del pueblo chileno Víctor Jara, en aquel septiembre negro de 1973.
A tus pies heridos llegarán,
las manos del humilde, llegarán
sembrando.
Tu muerte muchas vidas traerá,
y hacia donde tú ibas, marcharán,
cantando.
La misma mano detrás de la bala, detrás del puñal, detrás de las torturas, detrás de las bombas, la mano del imperialismo yanqui: bombardeando Vietnam en los años 60, dando la orden a los militares bolivianos en 1967 (pensando que el Che Guevara podría morir), o planeando y ejecutando en las sombras el Golpe de Estado fascista de Pinochet en Chile en 1973. La misma mano que llega repitiendo sus modus operandi hasta nuestros días.
Allí donde se oculta el criminal
tu nombre brinda al rico muchos nombres.
El que quemó tus alas al volar
no apagará el fuego de los pobres.
Aquí hermano, aquí sobre la tierra,
el alma se nos llena de banderas